Etiopía (III) – Lalibela Mekele

Pensaba pasar dos días en Lalibela para ver las iglesias con tranquilidad. Al ver el pueblo y sus negros ladillas, me agobié y tras saber que era posible visitar todas las iglesias en una tarde, decidí quedarme un único día y salir por patas al día siguiente.

Me levanté sobre las 4.30h, me presenté en la estación de autobuses a las 5.00h y salimos a las 6.00h. No son horas!!

Llegué sobre las 17.00h a Mekele. Además de las pocas horas de viaje, el recorrido requería coger el primer bus y luego tres minivans, es decir, tres fregonetas donde íbamos 17 personas. Menos mal que casi no hay etíopes gordos!!

Curvas, botes, asientos duros, … pero lo más llamativo es que la gran mayoría de los etíopes no están acostumbrados a viajar en bus y al cabo de un rato de empezar el trayecto ves que se quieren poner verdes, pero no pueden porque son negros, empiezan a circular bolsas de plástico… y se ponen a potar como si no hubiera un mañana!!! Ahí vomitaron todos menos la gallina!!! Gallina??? Sí, viajaba una gallina debajo del asiento. Sólo se quejaba cuando una botella de agua que rodaba por el suelo le golpeaba. Para ser sinceros, potaban más o menos la mitad de la gente.

En el bus a mí me tocó al lado un pastor que no tenía pinta de darlo todo, pero lo dió. Echó la pota, se limpió la boca con la mano, hizo un pelotillo con la bolsa, vió que entre él y la ventanilla sólo yo le paraba y lanzó el regalo. Gracias a dior que no falló. Yo pensaba que tenía que haberme puesto un chubasquero para el viaje…

Las fregonetas en Etiopía salen cuando se llenan. Ese es el horario que siguen. En cada fregoneta hay un conductor y un encargado de llenarla y cobrar. Un equipo. El equipo de la frego en la que subí yo tuvo algunas diferencias. Se mosquearon y en ese caso por lo visto las diferencias se resuelven antes de salir y en una oficina que tienen allí. Así que ahí estábamos en la frego mientras ellos discutían en la oficina y yo no daba un duro porque saliéramos. Al final volvieron y comenzó el viaje. El conductor pitaba más tiempo del que estaba sin pitar. Apuraba las marchas hasta más allá de lo que daba el motor y en las curvas se inclinaba como si fuera en moto. Yo me ponía nervioso al mismo tiempo que me iba cabreando. La disputa había terminado poniéndole una multa e iba enfadado. Como por lo visto le parecía poco, al cabo de pocos kilómetros se paró en un pueblillo y nos tuvo esperando dentro de la frego mientras compraba agua y chat. El tipo venía súper guay con su compra, arrancó y con unos 150km por delante tenía claro que iba a ponerse a mascar aquello. Ahí es donde mi paciencia se terminó y, como estaba sentado justo detrás de él, le di un par de toñas en el brazo mientras le decía de no muy buenas maneras que si se ponía a mascar aquello yo iba a llamar a la policía (aún no tengo claro cómo). Aquello podía terminar conmigo en la cuneta con una paliza o, como al final ocurrió, con el tío muy descolocado y sin mascar chat porque cada vez que lo intentaba le daba una toña en el brazo (seis en todo el trayecto). El tío se pasó el viaje mirando por el retrovisor para ver si yo me quedaba sopa de una vez pero lo que encontraba era mi mirada más despierto que nunca. De vez en cuando sonreía en plan “venga, que no es para tanto”. Al cabo de un rato, la señora que se sentaba a mi lado empezó a pasar cada cierto tiempo una ramita con la excusa de que el chat te despierta y te mantiene alerta. Total, que al final sólo conseguí que no fuera con el papo lleno de chat sino muerto de asco con alguna hoja que otra de vez en cuando.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s