Perú (y IV) – De Perú A Bolivia

La vuelta de Machu Picchu a Cuzco fue en tren hasta Ollantaytambo y en fregoneta desde allí hasta Cuzco. Pa’habernos matao’. De nuevo iba en primera fila en el centro, al lado del conductor. En una de las primeras curvas, nosotros la cogimos por fuera y un camioncillo cargado de piedras que venía de frente venía por dentro pero abriéndose peligrosamente cada vez más. Tanto se abrió, que al cruzarnos nos atizó con su retrovisor en uno de los cristales laterales de la “frego”. Más cerca y nos manda a Cuenca. Se pararon un rato para ver daños e insultarse un poco y sin más continuamos camino.

Nuestro conductor estaba empeñado en ir a Cuzco y volver a Ollantaytambo a tiempo para asustar a otra remesa de turistas y aborígenes que vinieran en el siguiente tren. Con ese objetivo en mente, el desgraciado se dedicó a ir a toda leche por la carretera pitando a todo lo que se ponía delante para que se apartara (en Perú y Bolivia les quitas las bocina en un coche nuevo y no te lo aceptan ni regalado. Cabrones ruidosos). Para ser sinceros, el asqueroso niñato se lo podía permitir porque había calzado los neumáticos slick para carreras en seco. Hijo de puta, sus ruedas no tenían apenas dibujo.

La tensión con la que yo iba me había subido los huevos a la altura del ombligo. De vez en cuando me daban ganas de acercarme a su oreja y susurrarle bajito en plan psicópata “como nos demos un golpe por arriesgar la vida de una forma tan absurda, te juro que te voy a dar puñetazos hasta reventarte la cabeza en cuanto recobre el conocimiento, hijo de puta”. Quizá excesivo. De todas formas, ningún pasajero le dijo nada. Sinceramente creo que alguien le dice algo y su comportamiento hubiera cambiado seguro.

Yo, como el resto, pasé. Justo a la entrada de Cuzco, nos paró la policía y nos pidió el pasaporte a todos. El tío sabía que eso ocurría así que poco antes del control se puso las gafas de ver y se las quitó al salir del control. Acojonante.

Una vez descubierta otra gran aportación de la gastronomía peruana, la Inca Kola (es de un amarillo nuclear con sabor a chupa-chups Kojak, creo que éste), el plan era continuar el viaje pasando a Bolivia. Por unos 20€ tenía contratado un viaje nocturno en bus turístico semi-cama desde Cuzco a La Paz que iba a ser en un único autobús (o dos) con una única parada a las 6.30h de la mañana. Mentira. Pura mentira.

Total, que me puse a esperar en la Plaza de Armas de Cuzco sentado en un banco para hacer tiempo antes de coger la mochila grande que había dejado en el hostal de Cuzco antes de salir hacia a Machu Picchu para luego ir a la estación de autobuses (terrapuerto). Estando sentado en un banco, al cabo de un rato se sienta un aborigen a mi lado y un rato después otro más. Ahí estábamos los 3 viendo pasar la vida cuando llega una guiri de unos 60 años, nos sonríe a los 3 como pidiendo permiso, saca la cámara… ¡¡y nos hace una foto!! ¡¡Pero señoraaaaaaa!! ¡¡Si ni siquiera soy de aquí!! ¡¡Dese la vuelta que detrás tiene una catedral para fotografiar!! Flipante. Tras la foto, sonrió en plan agradecimiento y siguió andando. Qué pena no haberle pedido algún contacto para tener una copia de la foto…

Se supone que coges un bus nocturno para ahorrar un día de viaje y una noche de alojamiento. Todo ficción. Creo que ha sido el peor viaje de mi vida (pero estuvo bien hacerlo al menos una vez en la vida).

La teoría era llegar a la frontera a la altura de Puno, es decir, del lago Titicaca más o menos al amanecer y poder disfrutar del paisaje. Otra teoría era ir en la primera fila en el piso de arriba para relajarme con el monótono tráfico y quedarme sopa pronto. Demasiadas teorías.

Cuando subí al bus, algunos guiris aparte, todos iban demasiado abrigados. Supuse que para ellos era invierno y estaban acostumbrados a temperaturas mayores. Era el inicio de una trampa.

Comenzó el viaje. Entre los botes que iba dando por la carretera y que cada vez nos cruzábamos con un camión / autobús en sentido contrario yo trepaba por el asiento queriendo huir de un accidente seguro, no pude pegar ojo hasta al cabo de 2h cuando el pánico me dejó exhausto.

Esto sólo duró hasta las 3.00h de la mañana aproximadamente. En ese momento me desperté tieso de frío. Casi todos los que no eran guiris iban tapados con mantas que habían llevado ellos mismos. ¡¡Cabrones!! ¡¡Esto se avisa!! No sé si el que estaba sentado a mi lado estaba despierto o le desperté yo al moverme, pero se incorporó hacia el parabrisas para mirar por la ventana y en lugar de quitar el vaho con la palma de la mano, se puso a rascar el hielo ayudado por la cortina. ¡¡El vaho de los pasajeros se había congelado por dentro del autobús!! Esto no lo había visto nunca. Teniendo en cuenta que estaba en mitad de la nada y muerto de frío, cuando vi al pollo rascar el hielo interior casi me pongo a llorar.

Por fin llegamos a Puno para hacer la primera escala. Debían ser antes de la 6.00h de la mañana, aún de noche. La estación de autobuses no era la mayor fiesta, pero al menos tuve acceso al resto de mi equipaje y me pude poner algo más encima aunque tardé en entrar en calor.

A partir de ahí, quedaba un paso de la frontera andando, un tercer autobús, paso de este tercer autobús por el estrecho de Tiquina (autobús por un lado y pasajeros por otro) y algunas horas más hasta La Paz. Total: 16h de viaje. Sí, en los viajes nocturnos llegas súper descansado.

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2 Responses to “Perú (y IV) – De Perú A Bolivia”

  1. Ociore Says:

    Anda, anda, quejica… ni que te hubieras olvidado de cómo conducían en las carreteras de Irlanda, jajaja.

  2. theearlybird Says:

    Nada que ver con Irlanda. NADA. Lo de estos payos es delirante.

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