Eslovenia (y II)

Al día siguiente (domingo) fuimos a Piran (costa de Eslovenia) con un amigo de Jorge del trabajo y su novia.

Eslovenia tiene poca costa. Miras de frente o a la derecha y ves Italia. Miras a la izquierda y ves Croacia. No hay playas como tales. Antes de la costa suele ser un monte no muy alto, luego una franja de guijarros y el mar. Nada de arena y grandes zonas para cocinarse uno mismo al sol vuelta y vuelta.

El lunes fui a mi aire a visitar unas cuevas. Las visitas son guiadas y pueden comprarse tickets para dos recorridos: el nuevo y el viejo. El nuevo no vale la pena.

Fui en tren y cuando llegué a la estación me dispuse a andar algo más de 30 min hasta las cuevas como había leído en alguna página en Internet.

La primera vez que coges un tren no estás seguro de que sea el correcto porque algunos están “tuneados” de forma curiosa.

Al preguntar la dirección hacia las cuevas, el conductor de un minibús se ofreció a llevarme junto a otras personas que llegaron en el mismo tren. Entre que tenía ganas de andar y que, tras un fin de semana que pasé en Marrakech hace unos meses tengo el Síndrome de Marrakech (cualquier persona amable te quiere cobrar por lo que sea), insistí en que quería andar. El tío me dijo que el bus era gratis. En este punto ya no era cuestión de decir “Ah, en ese caso, sí” y seguí empeñado en andar. El tío se quedó pensando y me dijo que por él perfecto, que me acercaba en el bus 1km hasta un cruce de carreteras y que allí me indicaba. Así lo hizo, y me bajé del bus ante el asombro del resto. Me señaló la dirección de las cuevas y yo ví señales de gente andando en la dirección que me indicaba. El bus se fue y me puse andar. Empecé un bonito camino en medio “del verde”. No hubo más señales del camino. A los 200m de camino decido cancelar el proyecto porque no me veo capaz de sacarlo adelante sin que la policía tenga que salir a buscarme a altas horas de la noche aunque en ese momento fueran las 11h de la mañana. No es la primera vez que hago una cosa de éstas, así que pensé “¿Pero qué necesidad tengo de hacer estas cosas? ¿EEeeeehhhh?”. Así que antes de pasarme horas andando perdido, volví a la carretera y decidí ir por donde se había ido el bus y seguir las señales de la carretera. Hala, a andar como un loco por la carretera.

Cuidado: motoristas que se tiran de la moto en marcha.

Siguiendo hacia las cuevas

Las cuevas están muy bien. Estalactitas, estalagmitas, columnas formadas por la unión de ambas, río en el fondo de la cueva, 140m de altura de la cueva en el lugar más alto. Bastante impresionante. Estalactitas blancas y brillantes en formación, marrones y mates cuyo crecimiento se ha detenido, algunas un poco verdes porque la luz de los focos “contamina” la cueva y comienza a crecer en ellas flora que no debería estar allí, montaña negra que no es ni estalactita ni estalagmita sino una montaña de mierda (guano) procedente de la colonia de murciélagos que hay justo encima. Lo típico, vaya.

Al terminar la visita, llueve y con ese panorama pregunto a una de las guías cómo llegar desde ahí a la estación de tren (ahora sí que pagaría por el bus de antes, pero hace un par de horas que se ha acabado el servicio). Le pongo los ojitos del gato de Shreck y decide que me acerca ella en su coche porque esa es la última visita del día (y sólo son las 5 de la tarde). Voy con ella en su coche mientras se me cae la baba un poco, pero con mis grandes reflejos no digo nada ni gracioso ni interesante y ni siquiera le doy mi correo por si algún día quiere visitar Madrid y quiere preguntar algo para organizar su viaje. Tengo que hacerme con otros reflejos. Los míos está claro que no funcionan jamás.

Al día siguiente (martes) vagabundeo bajo la lluvia sin demasiado rumbo por Ljubljana, me pierdo un poco y al volver hacia el centro consigo una vez más (ya me pasó en Cracovia) acabar cruzando unas vías de tren en el paseo. Supongo que esto no es normal pero parece ser que tengo facilidad para esto.

En el parque Tivoli de Ljubljana encontré un tanque gay.

También pude ver Hollywood.

Como alojamiento hostel en Ljubljana está curioso el Hostel Celica, antigua cárcel, luego galería de arte y ahora hostel.

4 Responses to “Eslovenia (y II)”

  1. Ociore Says:

    Si tuvieras otros reflejos dejarías de ser tú….😛

    Pero si alguna vez quieres practicar los reflejos, tengo yo un par de amigas solteras…. (ah, no que me las medio asustaste el día H con tu falta de reflejos, otra vez, jajaja)

  2. theearlybird Says:

    Con tus amigas tuve unos reflejos magníficos. Qué culpa tengo yo si no saben apreciar mi sentido del humor, eh?? Sosas!! 😀

  3. txm Says:

    Qué reflejos más traicioneros!
    Tendrías que entrenarlos más a menudo.

  4. theearlybird Says:

    Yap. Lo que no tengo claro es que a estas alturas se pueda hacer nada al respecto. Snif, snif… 😦

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