Archive for March, 2010

Dándolo Todo Por La Ciencia

March 9, 2010

Hace unas semanas que tengo una discusión absurda. La pregunta explica por sí misma el nivel de “absurdidad”: ¿El zumo de tamarindo alivia tras haberse pasado con el picante?

Ahí queda eso. Discusiones de altos vuelos.

Por Internet no he sido capaz de encontrar que sea así y encontrar algún sitio que lo niegue es aún más difícil.

Conclusión: método empírico.

Ingredientes:

(Nótese el descojone que se trae el simpático chile Habanero)

También se necesita algo de comida, pero teniendo en cuenta la naturaleza del experimento puede ser una suela de zapato. Como todavía no he llegado a esos extremos gastronómicos, he optado por un cuarto de tortilla de patata.

Así que le he echado un cuarto del bote de la salsa más picante que he encontrado en una tienda mexicana y he engullido la tortilla. La tortilla no me ha sabido a nada pero he conseguido cierto picor en la boca.

Ahí ha sido cuando ha entrado en acción el zumo de tamarindo. He empezado a tomarlo y la verdad es que aliviaba… mientras lo tomaba. Porque al poco tiempo de terminarlo la boca me seguía picando y tenía los morros rojo carmín.

Al cabo de un rato se me ha pasado el picor de la boca pero he comenzado a notar cierto “desasosiego” en el estómago. Sin exagerar (¿yo?), me temo que voy a tener quemaduras de primer grado en el alma.

Resultado: ¿El zumo de tamarindo alivia el picor? Sí, por los cojones.

En la Óptica

March 8, 2010

Hoy he ido a la óptica. La óptica tiene dos plantas y en la de arriba es donde se encuentran las máquinas para graduar la vista y todos esos trastos. Ahí me han mandado a esperar hasta que me atendieran.

Mientras espero, escucho cómo alguien sube muy despacio las escaleras y pienso “El que me va a atender viene arrastrando el alma”. Cuando la persona finalmente llega arriba, resulta ser un moro un poco raro que se mete en el baño. Los pijos somos así. Nos movemos en estos ambientes.

Mientras el moro está en el baño, sube una chica de la óptica y al verme me pregunta si ya sabe el que me tiene que atender que estoy arriba. Yo le contesto que eso espero (con lo aburrido que estoy, como encima no lo sepa…). La chica se queda por ahí haciendo sus cosas y ahí es cuando sale el moro del baño, se quita los zapatos, se pone mirando a una lámina gigante de un ojo (artístico, nada científico con las partes del ojo) y se pone a hablar “sus cosas”. Se inclina hacia delante y sigue con sus cosas. Se arrodilla y sigue rezando.

Yo empiezo a sonreírme y a estar seguro que eso es una cámara oculta. La chica de la óptica me mira y yo pongo cara de “¡Ah! ¿Que esto no es lo normal aquí?”.

Si el moro no estaba totalmente mal de lo suyo, creo que ya sé hacia dónde queda La Meca. Como rezaba dándome la espalda, yo seguía flipando y al menos podía sonreírme sin que se mosqueara. Lo malo es que cada vez que se agachaba me daba lo mejor de sí. Todo el culo en pompa para mí. Y por lo que ví a través de la raja del pantalón que lucía, una de dos. O se le veían los gayumbos o tenía los huevos pintados a rayas azules.

Cuando acababa sus rezos me ha venido a buscar el óptico y cuando he terminado me he encontrado al tío en la planta de abajo con tres policías pidiéndole los papeles.

Tengo que volver a la óptica. Espero que se superen o me van a decepcionar. Aunque hablando en serio, me ha dado un poco de pena el hombre.

Un Tío Cojonudo

March 5, 2010

Ése soy yo. Aquí llega otro momento babas con mi sobrina la croqueta rubia.

Los últimos dos días ha tenido una pequeña otitis y ha estado en casa de mis padres mientras sus padres trabajaban. Como se siente incómoda quiere que alguien le coja en brazos. Todo el rato. Y no hablará, pero una vez que la coges te dirige con mano de hierro por donde quiere. Sólo necesita hacer “Uh! Uh!” y señalar con el dedo la dirección a seguir. Para cuando yo he llegado del trabajo mis padres habían sucumbido al ritmo de la croqueta y ésta estaba lloriqueando.

Como soy un tío cojonudo, jeje, la he cogido en brazos y he seguido sumisamente las precisas instrucciones “Uh! Uh!” y ese impertinente dedo. Aunque también he ido por donde yo he querido y “curiosamente” he acabado en la cocina con la niña en una mano y con la otra comiendo croquetas (pero de las de verdad).

Al terminar de comer he seguido con ella y en un momento dado la he sentado en el cubo de la ropa sucia. Ahhh, los cubos mágicos. La ropa sucia entra en el cubo de la ropa sucia y misteriosamente pasa al cubo de la ropa para planchar. Poco después la ropa planchada aparece en el cuarto. Todo el proceso es un misterio insondable… y yo soy lo peor.

La estaba medio sujetando sobre la tapa del cubo mientras pensaba “Hace un año era un garbanzo con ojos y ahora, aunque sigue siendo un ente absurdo, ya es una croqueta con cierto peso. Mira cómo se dobla hacia abajo la tapa del cubo con su peso”. Y claro, pasó lo que tenía que pasar. La tapa cedió y mi sobrina se fue dentro del cubo de la ropa sucia. Como la tenía medio sujeta sólo se ha deslizado dentro del cubo, pero cuando su culo ha tocado fondo y se ha encontrado con las propias patucas a la altura de la cara, ha empezado a hacer ruidos de “me estoy agobiando, tío cojonudo”. La he sacado en seguida y no se ha puesto a llorar. Creo que no lo ha llegado a pasar mal, así que no creo que me la guarde para el futuro, jeje.

Mañana vuelve. No sé si meterla en el cubo de la ropa para planchar. Por variar.

Y bueno. Ésas son mis referencias como baby sitter. Interesados ya sabéis dónde encontrarme. Tengo una tarifa competitiva.