Archive for July, 2008

Polandia III – Auschwitz

July 27, 2008

Uno de los días que estuve en Cracovia lo dediqué a visitar el campo de concentración nazi de Auschwitz. Se encuentra en Oświęcim, a hora y media en tren de Cracovia.

El campo de concentración se compone en realidad de dos campos: Auschwitz I y Auschwitz II-Birkenau, a 3 km uno del otro.

Para conocer con más exactitud todo lo que allí ocurrió, lo mejor es visitar su página web. En ella se puede encontrar la historia del sitio, lo que hay que ver allí, e incluso una visita virtual muy completa. Mucho mejor que lo que yo pueda escribir aquí. No se permiten hacer fotos en interiores, según ellos, por respeto a lo que allí pasó. Pero todas las fotos que se quieran están disponibles en Internet. Algunas, sin ir más lejos, en la Wikipedia. Otras, por ejemplo, en la propia página web del museo.

Fui pensando que iba a tener el estómago encogido durante varios días tras la visita, pero resultó que no fue así. A pesar de que el lugar sigue impresionando, hay que hacer un gran esfuerzo para imaginar lo que allí pasó. Demasiado visitado, gente por todas partes, barracones reformados… Unos reformados como museos en memoria de las distintas nacionalidades que allí acabaron, al menos otro como WC y, el mejor, uno en el que se vende comida (¡¡!!). No sólo es que no impacta tanto como pueda pensarse, ¡sino que a algunos no les afecta para nada al apetito!

Aún así, en Auschwitz I hay unos 4 barracones bastante crudos donde se exponen el día a día de los prisioneros, las atrocidades que sufrieron, las latas de Zyklon B vacías que se usaron para gasear, sus pertenencias y, en uno de ellos, incluso varias toneladas de pelo de mujer. Entre las pertenencias, de todo. Gafas, zapatos de hombre, mujer, niño, prótesis, cepillos de ropa y del pelo, ropa, maletas con los nombres de los propietarios…

Y en Auschwitz II-Birkenau no hay mucho que ver porque los alemanes lo destruyeron casi por completo al abandonarlo.

La impresión que me quedó a mí es que en el primer campo ves lo bestias que fueron; y en el segundo, mucho mayor, cómo hacer lo mismo a gran escala.

No se trata de una visita alegre, pero valió la pena ir.

Polandia II – La Mina de Sal (Wieliczka)

July 19, 2008

Tras llegar el viernes a Polandia, ir a la boda el sábado y a la reboda el domingo, el lunes a primera hora, cogí un par de trenes para llegar a Cracovia. Viendo un mapa, parece una chorrada tener que coger un tren a Varsovia y desde ahí otro para ir a Cracovia, pero es lo que hay. Para el que le interese, encontré una página (tiene versión en inglés) donde se pueden ver los horarios y recorridos de los trenes en Polandia. Por mucho que busqué, no conseguí comprar los billetes on-line, hasta que una semana antes de irme, encontré por casualidad otra página distinta donde sí se pueden comprar los billetes. La página incluso tiene instrucciones muy detalladas sobre cómo no perder un tren por esos lares. Y con una semana de antelación, conseguí comprarlos y que me los enviaran al aeropuerto de Varsovia, donde los recogí nada más llegar a Polandia y antes de ir a Lublin.

Los trenes en Polandia son de todos los tipos, desde más modernos a más antiguos. Me comentaron que la diferencia de precio entre primera y segunda clase no es mucha y que suele merecer la pena. No lo sabía (me enteré al llegar) y no pude comprobarlo. Yo fui en segunda, en un compartimento de 8 personas, tuve suerte y no íbamos 8 personas. ¿Compartimento? Sí.

Al día siguiente de llegar a Cracovia, fui a ver una mina de sal que hay a unos 25 min a tiro de tren (las fotos anteriores corresponden al tren que cogí a la vuelta de allí) en Wieliczka. La ida la hice en un tren similar a un cercanías de MadriZ.

Cuando ví la parada “Wieliczka”, me levanté (iba con la cámara de fotos en la mano) y me dispuse a bajarme del tren. Pero una señora que iba con su nieta, me identificó inmediatamente como un turista que iba donde el resto, y me empezó a hacer señas en plan “Que ésta no es tu parada. Siéntate, pringao”. Así que riéndome yo solo, me senté. La parada era la siguiente. Wieliczka Rynek (centro). ¡Qué tía más simpática! Le dí las gracias entre “cenquius” y reverencias. Me libró de ir andando un buen trozo.

La mina no es casi turística ni nada.

Para poder hacer fotos dentro de la mina, tienes que pagar 10 zł adicionales a la entrada (unos 3€ más).

Pero como son fotos en interior, y no quedaron nada bien, lo mejor es ir a su página, elegir la opción en inglés, clicar sobre Visiting the Mine (menú de la izquierda) y luego Tourist route (menú de la derecha).

La mina tiene 300 km de galerías y cámaras (cualquier lo comprueba, pero yo creo que 300 km son muchos), aunque la visita turística normal no pasa de 3 km (2 horas).

La visita está bien, aunque de mina queda más bien poco. En la parte turística más profunda (130 m), aunque no antes, hay suelos de madera, restaurante, sala de fiestas, … Incluso se dedican a tratar enfermedades respiratorias. Así que explotado, el sitio está completamente explotado.

Al final de la visita había un flipado español que decía a sus amigos “Chuparos los labios. ¡Están salados!”. Y yo que iba con la oreja puesta, me chupé disimuladamente los míos… y de sal nada de nada. Capullo…

Al terminar la visita, me dí una vuelta por el pueblo mientras hacía tiempo hasta que saliera mi tren de vuelta. Como tenía mucho tiempo, me senté en una terraza y pedí una “caña”. El concepto caña por lo visto sólo es español, así que me tomé el medio litro de cerveza estándar. ¡Alegría! ¡Alegría! (no necesito mucho más para ir contentillo).

Aquí aprovecho para colocar algo que he visto mucho. Se trata de unos pequeños puestos que hay por todas partes donde venden unas rosquillas de pan (aunque el puesto de la siguiente foto tiene las rosquillas muy desordenadas).

Con tanto puesto repartido por ahí, yo pensé que aquello podía estar hasta bien, así que tras la “cañita” compré una (unos 0,4€) para seguir haciendo tiempo. Y no hay trampa ni cartón. Es pan. Ni más ni menos. Se puede pasar sin él.

A esas alturas, ya estaba hasta encima del pelo del lugar y lo que quería era volver a Cracovia a… a… a no hacer nada, pero volver, coño. Así que cuando quedaba todavía un poco para que llegara mi tren, pasó uno y por aquello de la cervecita, troté cochineramente por el andén hasta llegar a la máquina del tren, donde pregunté al maquinista (juro que era el maquinista)

– Is this train going to Krakow?

– Yes

– Is this ticket valid? (enseñando el billete que ya tenía)

– Yes

Pues para adentro (aunque no sea mi tren). Ahí estaba subido a un tren más contento que unas castañuelas con la seguridad de que iba de vuelta a Cracovia. Una vez dentro y tras elegir sitio (el tren estaba bastante desierto), encontré un revisor, y después de titubear un poco, me acerqué a mi siguiente víctima para confirmar que ese día dormía en Cracovia. La idea era dormir en Cracovia o morir infartado, yéndome al otro mundo con un último pensamiento: “¿Dónde estoy? ¿Qué hago aquí? ¿Dónde se han torcido las cosas?”. Ahí fui

– Is this going to Krakow?

– Yes

– Is this ticket valid?

– Ehm… NO.

– Ein? O_O

Escribe un garabato en el billete y entonces dice… “Yes”

Es posible que no fuera válido, no por la falta del garabato que escribió, sino porque le pillé pendiente de dar salida al tren, el silbato y todo el mecanismo trenil. No me llaman mosca cojonera porque sí.

Y poco más. Volví en un compartimento con una pelirroja que no era irlandesa, sino polaca y que tampoco tenía muy claro cómo funcionaba el mecanismo de los billetes, y que iba con un español que años atrás había estado en Galway… (Sí, me detectó por el aspecto y ese pedazo de accent…)

Por cierto, dentro de la mina no se pueden hacer pintadas…

Polandia I – La Boda Polaca (Lublin)

July 13, 2008

Pasar de Dublín a Lublin (más información) es una letra, casi tres horas de avión y otras casi tres horas de autobús. Hasta aquí el festival del humor y de las gracias con tanta chispa.

La boda fue en perfecto polaco con alguna parte clave traducida al castellano por otro cura. Entre la cara del cura polaco y el idioma en sí, aquello se parecía más a un exorcismo que a una boda. Especialmente cuando el cura dijo “María EugeniO”, momento en el cual algunos pensamos que lo siguiente sería “¡¡Sal de su cueeeerpooooo!!”.

De ahí nos fuimos al banquete, que es lo más parecido a un suicidio colectivo por el novedoso método de la sobredosis gastronómica.

Según llegamos, en la mesa había:

– botellas de vino

– jarras de zumos

– botellas de refrescos, incluyendo MIRINDA (no es coña)

– botellas de medio litro de vodka (sigue sin ser coña)

– bandejas con distintos tipos de comida

– pasteles (¡¡!!)

Con todo esto sobre la mesa, podría pensarse que eso es lo que hay, pero no es así en absoluto.

Primero porque hay otra mesa con unos cuantos embutidos a la que puedes acercarte, cortar y servirte cuando quieras.

Y segundo, porque los platos principales empiezan a llegar. Pero no llegan unos tras otro como en las bodas españolas. Llega uno. Luego la gente se levanta si quiere. O se las pira a bailar. Al cabo de una hora (o dos) llega el siguiente plato principal y vuelta a empezar. No recuerdo si al final hubo 3 ó 4 platos principales (puede que 4, pero era imposible llevar la cuenta de la comida que allí había). Lo que sí sé, es que el primer plato “principal” fue a las 19h y el último a la 1h.

Antes del último también hubo helado, café e incluso la tarta de la boda. Yo ya no sabía si mojar la carne en el helado, en el vodka o en el café.

Y sobre el vodka… Teníamos dos vasos. Uno para beber lo que cada uno quisiera y el otro era un vaso de chupito para el vodka. La gente de vez en cuando se metía un chupito entre pecho y espalda y también cuando se levantaban, cantaban algo y al final, chupito p’adentro. Por lo visto era una canción que se cantaba para cada mes y los nacidos en ese mes se tomaban el chupito al final. Alguno había que cumplía años varios meses al año…

Y como la gente se queda con hambre (¿?), al día siguiente es normal celebrar una comida, pero esta vez más informal.

Muy peligroso esto de las bodas polacas (aunque las españolas tampoco es que sean a base de zumitos).

Destino: Polandia

July 3, 2008

“2008: Año Boa” llega a su fin (en cuanto a las bodas se refiere, que no han sido pocas) con una boda en Polandia. Pero esta vez es la Polandia de verdad y no otras bodas en Polandia. 🙂

Entre lo raro que hablan por allí y que, según me han dicho, los chupitos de vodka no paran durante la cena (no estoy hablando de después de la cena), veo una gran oportunidad para volver por mis fueros y vivir otro puñado más de situaciones surrealistas.

Ya se verá. Pero aprovechando la excusa de que me “obliguen” a viajar, pasaré unos días en Cracovia antes de volver a Dublín. Se rumorea que igual veo el sol este verano. Aunque tenga que ser en Polandia (¿Por qué carajo el pesado del Word no deja de cambiar Polandia por Rolandia? ¡Qué plasta!).

Y aunque Polandia es Europa, no usan el euro. Tienen moneda con nombre raro. Ni siquiera sé cómo se pronuncia, así que esto promete.