Otra historia añeja ocurrida meses atrás.
Imaginar el siguiente escenario. Piso con sistema de calefacción state-of-the-art. Ningún radiador. En lugar de calentar con radiadores, el sistema está instalado en el suelo y éste es el que calienta la casa. Para subir o bajar la temperatura “del suelo”, se dispone de 3 cacharritos con una ruedita que se gira. Estos cacharros se comunican con la caldera de forma inalámbrica y uno de ellos se encarga del salón, otro de un dormitorio y el tercero del dormitorio de invitados. Pero los 3 son exactamente iguales. Los puedes llevar de un lado para otro, tenerlos todos en el cajón de la mesilla al lado de la cama, dentro de un armario o, lo más común, cada uno en la habitación a la que corresponde.
Imaginar ahora que el controlador del salón está en el salón (todo bien), pero los del dormitorio y el dormitorio de invitados están intercambiados (todo no tan bien).
A dormir todos. Ocupen sus habitaciones y déjense caer en la inconsciencia.
Dormitorio: Parece que hace fresquito. Vamos a subir la calefacción.
Dormitorio de invitados: Vaya noche más calurosa, voy a bajar la calefacción.
Dormitorio: Cada vez hace más frío, dale más caña.
Dormitorio de invitados: ¡Qué calores! ¿Estaré embarazado? ¿Menopausia quizá? Menos calefacción al canto.
Dormitorio: Mira, lo mejor será poner la calefacción al máximo.
Dormitorio de invitados: Casi que quito la calefacción. Para que luego digan que en Irlanda hace frío.
Resumiendo. A grandes rasgos ésta es la preparación de un cocidito madrileño. Yo era el de la habitación de invitados. El que al día siguiente se despertó boqueando como un pez fuera del agua.
Así que vosotros. Sí, vosotros sabéis quiénes sois. Cuando vuelva por vuestra casa voy a pillar los wireless state-of-the-art controllers, los voy a “barajar” y a colocar donde quiera. “Sus” vais a enterar.



