El jardín botánico de Dublín se encuentra a unos 30 min andando desde el centro de la ciudad. La entrada es gratuita y el parque está lleno de árboles, plantas y demás sujetos clorofílicos. Bonito, aunque mi mayor éxito en el lugar fue distinguir un árbol (de “fabricante” desconocido) de una lechuga (de tipo… lechuga verde).
Para mí, lo mejor del parque son las ardillas. Hay muchas y están relativamente acostumbradas a la gente, así que no es difícil hacer que se te acerquen cuando les ofreces algo de comer. Más fácil si no es fin de semana o festivo porque hay menos gente y, sobre todo, menos niños corriendo detrás de ellas.
Así que tras alguna sugerencia, sobre tener cuidado por si alguna tuviera la rabia o, mejor aún, estuvieran colocadas y agresivas como las de Londres, allí fui con algunas nueces. Y éste es el resultado.
Ardilla esperando en plan “Me has dado una nuez. ¿Me das otra o qué?”
Ardilla con la nuez en la boca tras acercarse y recogerla.
Ardilla dando cuenta del botín
Ardilla desesperada: “¿Dónde tienes la nuez, maldito?”
El siguiente paso es llevar cacahuetes hot spicy (bien frotados con chiles para potenciar el efecto) y ver la reacción que tienen. Reconozco que esto se me pasó por la cabeza, pero no soy tan cabroncete como para hacerlo.






